domingo, 22 de enero de 2006

Erase una vez...

... un reino pequeñito, ingenioso y avispado que vio en la manzana una seña de identidad para personalizar la tentación y la exquisitez. Pero como era un producto exclusivo, sólo unos pocos estómagos privilegiados pudieron disfrutar de ella. Así las cosas, los escasos enanitos que comían de esta manzana eran felices porque nunca encontraban en ella gusanos. Se consideraban afortunados y miraban por encima del hombros al resto de sus compañeros que comían productos agusanados, baratos y de escasa calidad, enfermando con harta frecuencia.

Pero las cosas no iban bien. La inventora de tan maravillosa manzana veía que sus enanitos eran cada vez era mas exigentes, mas sibaritas y mas gruñones... pero su número no aumentaba. Sacaron nuevas manzanas de diferentes tamaños, colores y cualidades... pero el número de enanitos aficionados a la manzana no aumentaba. Las manzanas eran caras, sólo las podían vender tenderos autorizados y no eran compatibles con el resto de fruta que ofrecían otras tiendas, produciendo cólicos y diarreas de complejo diagnóstico.

Como la inventora de la manzana era una princesa muy lista, abrió lo ojos y salió de su torre de marfil para ver como estaba el patio, como podía tentar a los enanitos de otros reinos y así aumentar los suyos. De esta manera, reinvento un aparatito musical que se ponía en los oídos y te cantaba mientras paseabas, corrías, trabajabas o simplemente mirabas las musarañas. El aparatito servía para todos los enanitos del mundo, no sólo para los que comían manzanas. El éxito fue espectacular. La princesa y su manzana se dio a conocer a todo el mundo, gracias al aparatito, su bondad de corazón y sus artes escénicas.

Aquello del aparatito musical fue un paso importante, una experiencia y una revelación. Como la princesa de nuestra historia era muy sabia, además de lista, dio un nuevo paso mas atrevido y arriesgado... ¡CAMBIO EL CORAZÓN DE LA MANZANA!. El cambio asusto a unos, escandalizo a otros y encanto al resto, la nueva manzana híbrida no dejo a nadie indiferente. La fruta por fuera era idéntica, pero había cambiado su sabor y cualidades. Ya era posible que todos los enanitos del mundo la pudieran consumir, sin graves problemas digestivos. Era posible hacer felices a todos, no sólo a unos pocos.

Había todavía mucho trabajo por realizar y muchas incógnitas por resolver, un arduo trabajo que sólo una princesa valiente podía realizar. Fuera -en la oscura y fría noche- acechaban brujas malvadas, madrastras perversas, gigantes crueles, lobos con piel de cordero y falsas caperucitas deseosos, todos, de acabar con nuestra princesa y quitarle sus enanitos. Este cuento todavía no ha terminado... la verdad es que no sabemos como va a terminar.

3 comentarios:

Duraglar dijo...

xDDD Faq-mac!

Susan Sto Helit dijo...

juas!
yo quiero una manzanita de esas que te cantan. enfin, tendremos que esperarnos.

Elro dijo...

moraleja: invierte en acciones de compañias fruteras